Obteniendo Decisiones y Haciendo Llamados - parte 2

Hablemos ahora de hacer llamados en público desde el púlpito. Cada sermón debe tener un llamado. De lo contrario, es solo una exposición que presenta información. En nuestros sermones, deberíamos pedir decisiones sin vergüenza alguna. Si no lo está haciendo, ¿por qué está predicando?

Antes de hablar sobre los tipos de llamados desde el púlpito, analicemos el lenguaje de la apelación. 

1.     Sea específico. ¿Qué tipo de decisión está pidiendo al oyente que tome? ¿Que sea bautizado? ¿Que acepte a Cristo? ¿Que tenga un corazón perdonador? Si la decisión que pide no es clara, la gente no responderá porque no va a saber a qué está respondiendo.

2.      Sea positivo, no negativo. Mark Finley llama esto el principio Mini-Max. Maximice lo positivo. Minimice lo negativo. En otras palabras, no se enfoque en los aspectos negativos de la decisión: los desafíos, los obstáculos, las dificultades. Concéntrese en los aspectos positivos: las bendiciones que vienen de esa decisión, los beneficios de seguir a Jesús, la paz que nace al entregarse a Él.

Por ejemplo, si hago un llamado para el bautismo, no me concentro en lo que la persona puede tener que renunciar, en los obstáculos que puede tener, o en cómo los miembros de la familia pueden pensar que está loco. Estas cosas pueden ser una realidad, pero no tengo que enfatizarlas innecesariamente en la mente de las personas. Enfatizo el gozo y la seguridad que se obtiene al tomar esa decisión.

 3.     Dé instrucciones claras. ¿Cómo se supone que respondan? ¿Qué acción les pide que tomen? ¿Le está pidiendo que pasen al frente? ¿Si es así, cuándo? ¿Mientras habla? ¿Mientras se canta? ¿Después de la canción? ¿Les está pidiendo que levanten la mano? Si es así, ¿deberían hacerlo ahora, mientras habla? ¿O durante la oración? Si está utilizando tarjetas de decisión, explique exactamente lo que quiere que hagan con las tarjetas.

 4.     Repita el llamado. Cuando se trata de hacer llamados mientras predica, tendrá que repetirlo varias veces. Las personas necesitan tiempo para procesar la apelación y tomar una decisión. A menudo, repetir el llamado lo aclara en la mente del oyente y fortalece la convicción que siente.  

Por lo general, hay cuatro tipos de apelaciones públicas que se pueden utilizar desde el púlpito:

Levantando la mano, o poniéndose en pie. Este es un llamado muy general al que responde la mayoría de las personas. Es un llamado más suave que puede no ser tan intimidante como tener que ir hacia al frente. Esta es una buena manera de ayudar a una audiencia a sentirse cómoda respondiendo a los llamados si no está acostumbrada. También es un buen llamado para empezar para los predicadores que no están acostumbrados a hacer llamados.

Oración silenciosa en el banco. Este tipo de apelación no se utiliza con mucha frecuencia, pero puede ser muy eficaz para temas delicados en los que las personas no quieren llamar la atención sobre sí mismas. Es una decisión privada que requiere muy poca acción visible. Invite a la congregación a simplemente inclinar la cabeza y hablar con Jesús sobre lo que escucharon en el sermón. Luego hay 1-2 minutos de música de fondo para crear una atmósfera propicia para la oración. Después que la música termine, el orador termina con una oración. Puede que no sepa qué decisiones se están tomando, pero Dios lo sabe.

Llamados al altar. Este es el más fuerte de todos los llamados públicos porque requiere un paso de acción importante: levantarse del asiento y caminar hacia adelante. Uno de los beneficios del llamado al altar es que anima a otras personas a responder cuando ven a alguien más tomar la decisión. 
A medida que más personas responden, puede, literalmente, sentir al Espíritu Santo moviéndose. Debemos usar el llamado al altar con más frecuencia de lo que lo hacemos, aún los sábados por la mañana.

Cuando hago un llamado al altar, usualmente hago la apelación para una decisión específica, y luego repito esa apelación un par de veces más para asegurarme de que fue clara y que la gente entiende lo que estoy pidiendo. Después de hacer la apelación, le hago saber a la audiencia que pueden comenzar a ir hacia adelante cuando comenzamos a cantar la canción de cierre. Cuando empieza la canción, bajo al suelo. Luego, simplemente espero que la gente comience a acercarse mientras la congregación canta la canción. Hay dos razones por qué lo hago de esta manera. Uno, porque la gente ya está de pie, y esa es la mitad de la batalla. Ahora solo necesitan moverse al pasillo central y avanzar. Dos, porque no tengo que seguir pensando en cosas que decir. Todo el mundo está cantando, así que canto y veo al Espíritu moverse. 

Cuando termina la canción, digo algunas palabras de aliento a los que se acercaron y tengo una oración de bendición con ellos. Los invito a que se mantengan al frente durante unos minutos después de la oración para que podamos obtener sus nombres e información de contacto, si son visitas. Esto es muy importante porque necesita hacer un seguimiento de esos nombres con una visita personal o al menos una llamada telefónica en los próximos 2 días. La visita personal solidificará la decisión.

Tarjetas de decisión. Las tarjetas de decisión no son solo para reuniones evangelísticas. También se pueden usar en los servicios de adoración. Completar y entregar una tarjeta es un paso importante, pero también ofrece un poco más de privacidad. Les da la oportunidad de responder a las personas que no quieren ir al frente o llamar la atención sobre ellas mismas.

Cuando haga la apelación, revise la tarjeta con la audiencia y explique qué significa cada línea y qué decisión está pidiendo. Puede tener música suave de fondo. Luego, explíqueles claramente cómo quiere que entreguen las tarjetas. Hágalo de la manera más fácil que pueda. Las opciones incluyen pasar un recipiente bonito o un plato de ofrendas, pasar las tarjetas hacia el centro del pasillo donde un diácono las recogerá, o hacer que un diácono las recoja en la puerta cuando la gente salga. Prefiero que los diáconos recojan las tarjetas y me las traigan para que pueda tener una oración de bendición sobre ellas para cerrar el servicio. Asegúrese de hacer un seguimiento de estas tarjetas en los próximos días con una llamada telefónica o una visita personal.

Cuando hacemos llamados intencionalmente en persona o en el púlpito, la gente responderá y los bautismos aumentarán. En cada congregación, hay una persona que tiene el corazón listo para responder.

Ya sea que estemos haciendo apelaciones personales, en un estudio bíblico, o llamados públicos desde el púlpito, hay una cosa esencial que el ganador de almas debe recordar: para obtener decisiones, debe PEDIR por ellas.

por David Klinedinst

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