Si el evangelismo no funciona, ¿qué es lo que funciona?

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No hace mucho me llamó un pastor muy frustrado. Estaba llorando, y me dijo: “La junta de mi iglesia acaba de votar otra campaña de evangelización para este año, así como lo hizo el año pasado. Son 20 mil dólares para pagar mayormente los panfletos y un orador invitado durante cuatro semanas.” Y añadió: “Ya conozco los resultados: cuatro semanas con un puñado de asistentes, y se quejarán de que los demás no asisten todas las noches. Tendré al evangelista soplándome en la nuca para que le consiga personas que bautizar. Se bautizarán cinco personas, tres de las cuales serán niños de la iglesia, y solo dos de la comunidad. Los tres que bautizamos el año pasado ya no están aquí. Hay tanto que hacer en esta ciudad y lo único que dos o tres muy poderosos miembros de la junta de iglesia quieren hacer es distribuir panfletos y traer a alguien que hable durante cuatro semanas, como si hacer evangelismo fuera solo eso”.

En mis viajes por Norteamérica, le he hecho las siguientes preguntas a pastores, líderes de la iglesia y miembros:

(1) ¿En qué piensan cuando escuchan la palabra evangelismo? La respuesta que siempre escucho en primer lugar es que tiene que ver con un evento que se lleva a cabo durante unas semanas, una vez al año o muy de vez en cuando. (2) ¿Quién practica el evangelismo? La respuesta más común y que surge en forma instantánea más allá del grupo al que le esté hablando es “el pastor” o “el evangelista invitado”.

Al escuchar esas respuestas en nuestra división, casi sin excepción, los siguientes pensamientos me vienen a la mente. Si el evangelismo es algo que practicamos durante unas pocas semanas una o dos veces al año, ¿qué es lo que hacemos el resto del tiempo? Si el pastor o el evangelista invitado, es el único que practica el evangelismo, ¿qué es lo que hace el resto de nosotros?

No hace falta que lo diga, pero la palabra evangelismo se ha convertido en un término difícil de repetir en alguno de nuestros círculos. Hay pastores que le temen, grupos de miembros frustrados con ello, tesoreros que hablan de la inmersa inversión que se hace con tan magros resultados, y aun comentarios entre los evangelistas de tiempo completo. Hay secretarios de iglesia que notan que por cada cien personas que han ingresado a la iglesia en los últimos cincuenta años, 39 han terminado yéndose. Algunos han decidido proscribir la palabra, borrándola por completo de nuestro vocabulario.

No obstante, ¿qué pasaría si en lugar de borrar la palabra, la redimimos? ¿Qué sucedería si en vez de ver el evangelismo como un evento, lo comenzamos a ver como un estilo de vida? ¿Qué pasaría si el evangelismo se convirtiera en algo no solo para que participen unos pocos, sino algo en lo que a todos les guste tomar parte? ¿Qué sucedería si el evangelismo llegara a ser algo que somos el ciento por ciento de nuestro tiempo, en lugar de algo que tenemos que hacer de tanto en tanto? ¿Qué pasaría si el evangelismo no fuera tan solo palabras sino también acción? ¿Qué sucedería si no solo fuéramos voceros de Jesucristo sino también sus ojos, corazón, manos y pies en nuestras comunidades? ¿Funcionaría mejor? ¿Serían diferentes los resultados? ¿Cambiaría nuestra actitud?

Durante los últimos tres años (2015 - 2018), hemos trabajado en una definición de evangelismo para Norteamérica, y también hemos identificado cinco resultados que nos ayudarán a hacer del evangelismo y la misión una travesía para toda la vida mucho más agradable, relevante y exitosa. No se me ocurrieron a mí, y ni siquiera a mi equipo. El proceso incluyó a miles de pastores, plantadores de iglesias, miembros y líderes de la iglesia a quienes hemos encuestado y entrevistado.

Trabajamos con una definición porque comprendemos que es difícil vivir el evangelismo si no sabemos lo qué es. Esta es una definición en proceso, que aún podría ser mejorada. El 74 por ciento de los que respondieron le dieron un 7 o más en una escala de 1-10, y aquí está:

“Alcanzar, Reclamar, y Retener a los habitantes de Norteamérica (substituya Norteamérica con su ciudad o comunidad) con la misión y el mensaje de Jesús de compasión, esperanza y plenitud”.

Esta no es una declaración de creencias o una declaración de misión; ya tenemos esas. Es una definición concisa, práctica y amplia de lo que puede ser el evangelismo en Norteamérica. Como iglesia, no estamos aquí tan solo para alcanzar sino para retener a los que alcanzamos, y también somos llamados a recuperar a los que hemos perdido. Imagine un equipo de béisbol con una gran ofensiva pero con un lanzador deficiente y una defensa inexistente: No importa cuántas carreras completemos, si nuestro equipo no puede lanzar y defender bien, el otro equipo siempre va a completar más carreras que nosotros.

Tanto la misión como el mensaje de Jesús son esenciales. Durante años, hemos sido la iglesia del mensaje. Hemos enfatizado contárselo al mundo, pero por alguna razón, hemos olvidado mostrárselo al mundo. Según el método de Cristo o el ministerio de Cristo, como me gusta llamarlo, tenemos que mostrar al mundo antes de contárselo al mundo, y tenemos que hacerlo siempre. No es solo contarlo, sino mostrar y contarlo. En ocasiones, parece que tuviéramos una boca grande pero que sufriéramos amputación de brazos y piernas. Podemos citar el método de Cristo hasta quedarnos sin aire de tanto repetirlo, pero no sucederá nada relevante si no comenzamos a hacer lo que hizo Jesús cuando estuvo en esta tierra.

La compasión, la esperanza y la plenitud tienen que estar incluidas en nuestro estilo de vida y nuestro mensaje. Las personas necesitan saber que las amamos. Tienen que experimentar nuestra esperanza para el presente y el futuro, y tienen que darse cuenta de que nos interesamos en ellos y sus familias en su totalidad, lo que incluye, pero no se limita, a la vida espiritual. Es necesario que nuestras comunidades vean, sientan y experimenten, y no solo que escuchen ese evangelio que puede transformar las vidas de las personas y elevar a las familias.

Por favor, comparta esta definición con sus colegas, el liderazgo de su iglesia y la iglesia en general. Haga entonces una lista de maneras prácticas en las que puede hacer que esta definición de alcanzar, retener y recuperar a su comunidad con la misión y el mensaje de compasión, esperanza y plenitud de Cristo sea una realidad allí donde Dios lo ha llamado a servir. Si hacemos que el evangelismo sea lo que debería ser, y que no solo siga siendo lo que ha sido hasta ahora, no habrá necesidad de borrar esa palabra, y acaso podrá ser redimida.

El pastor José Cortés Jr. es director asociado de la Asociación Ministerial y está al frente de Evangelismo, Establecimiento de Iglesias y Misión Global/Adventista de la División Norteamericana de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.