Listo Para Jugar, No Para Sentarme

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El juego de sóftbol entre los pastores y los jóvenes es una tradición en el campestre hispano de la Asociación del Gran Nueva York. Yo era el nuevo director de Ministerios de Jóvenes y me encantaba el béisbol, por lo que estaba listo para jugar. Recuerdo que me puse la camiseta, la que mi esposa me había dado, con mi apellido, CORTES, en la espalda y un gran número 1. LOL, recuerdo que era un regalo de mi esposa. Me alegra que aunque sea ella piense que soy el número 1. Había olvidado mi guante y mi bate en mi casa en Long Island por lo que, la noche anterior, después de que terminó toda la programación en la carpa de Jóvenes y Adultos Jóvenes, conduje hasta casa para buscar mi equipo de béisbol. Estaba listo para jugar.

Cuando llegué al terreno de juego, me abrí paso hacia el Equipo de Jóvenes. Después de todo, era el Director de Jóvenes. Pronto escuché la voz del presidente de la asociación: “José, tú eres pastor, de manera que tienes que estar en nuestro equipo”. Cuando el presidente de la asociación llama, uno suele prestar atención. Así lo hice, y caminé lentamente al otro lado del campo, donde los pastores se estaban reuniendo y decidiendo la alineación estratégicamente. Era casi una ciencia: ¡Había que ganar el encuentro, a todo costo! Al llegar allí, el presidente de la asociación me preguntó:

                        —José, ¿qué posición juegas?”

                        —Jardin central(center field)… --le respondí.

                        —Esa posición ya está tomada; el pastor Mejía juega en el centro.

—Bueno, puedo ir a tercera base.

—No, Ángel Rodríguez está en tercera.

—¿Y segunda base?

—Plinio Cruz juega segunda; ya está tomada.

—¿Primera?

—No, José Hernández va a jugar allí.

—¿Campo corto (short stop)?

—No, esa es mi posición.

Me eché atrás de esa sugerencia rápidamente; uno no quiere jugar en el mismo puesto que el presidente.

Después de pasar por todas las posiciones, y de notar que todas ya estaban tomadas, el presidente de la asociación me dijo: “¿Mira, por que juega de receptor”. Esa era la posición en la que mi padre, desde que yo era chico, me había dicho que jamás jugara. ¡Detesto ser receptor!

 Mientras me dirigía a mi puesto, sintiéndome un tanto humillado de asumir la posición de receptor, añadió: “José, nos falta un guante aquí en el campo. Esto es sóftbol, estamos jugando suave, y tú como receptor en realidad no necesitas el guante. Danos por favor tu guante”. Entregué mi guante y me coloqué detrás de la base, con un sincero temor de sufrir una bola en la cara o en otra parte. De manera muy discreta traté de cubrir con las manos las partes más frágiles de mi cuerpo, pero justo antes el primer lanzamiento, apareció el pastor Pérez. Y por supuesto, escuché la voz: “José, llegó nuestro receptor; ¿puedes sentarte por un rato en el banco?”

Me senté en silencio, esperando que alguno de los pastores se lastimara, o muriera o le pasara algo. Realmente había querido jugar, pero para entonces todo mi entusiasmo había en cierto sentido desaparecido. Entonces escuché la voz de Esteban, el capitán del Equipo de Jóvenes.

—Pastor José, ¿qué está haciendo? 

—Estoy sentado –le repliqué–. Qué te parece que estoy haciendo…

—¡Lo necesitamos aquí!

Me volví entonces de regreso al Equipo de Jóvenes, donde se me pidió que jugara en el jardin central y fuera el cuarto bateador. ¡Sí, el cuarto bate! 

Ahora bien, ¿adivinen para qué equipo jugué durante el resto de mis ocho años y medio en Gran Nueva York? Sí, lo adivinaron: ¡Para el Equipo de Jóvenes! ¿Saben por qué? Porque Dios no nos creó para que estemos sentados en el banco. 

No fuimos creados para sentarnos en un banco de la iglesia, mirarle la nuca al que está delante de nosotros, y recibir información que, de todas formas, podríamos encontrar en Internet. Dios nos creó, a los seres humanos de todas las edades, idiomas y colores, para que glorifiquemos su nombre, lo sirvamos, para que amemos a otros y participemos con él en la salvación de muchos.

Sentarse ya no califica, y no es un gran indicador de la salud espiritual de nuestras iglesias. Estimado pastor y líder de iglesia, el hecho de que usted tenga cientos de personas sentadas en los bancos de su iglesia no significa que usted posee una iglesia saludable. Su capacidad de personas enviadas (el número de personas activas en el ministerio de su iglesia) es un indicador mucho mejor de la salud de su congregación que la capacidad de personas sentadas (las que simplemente asisten a la iglesia cada semana).   

Resultado de Evangelismo #1 – Participación de TODOS los miembros en el evangelismo (la misión)

Durante los últimos tres años (2015-2018), encuestamos y discutimos el tema con miles de pastores, miembros y líderes de la iglesia. Cinco Resultados que podrían revolucionar la misión y el evangelismo en Norteamérica. Sé los compartiré uno por uno a través de estos boletines informativos.

1. Participación de TODOS los miembros en el Evangelismo (la Misión): El 86 por ciento calificó con un 7 o más alto este punto en una escala de 1-10. Es importante que nosotros, como pastores, y nuestros miembros de iglesia comprendan que no solo se espera la participación de ellos en la misión de la iglesia, sino que es una cuestión de vida o muerte espiritual. El hecho de que alguien no pueda predicar no significa que no puede alcanzar a otra persona.

Cada miembro adventista de Norteamérica necesita tener acceso a una manera de descubrir sus dones espirituales, y necesita tener la oportunidad de colaborar en alguna capacidad. La tradición contraproducente con la que crecimos muchos de nosotros, que solo permitía que los veteranos de la iglesia tuvieran algún cargo en algún ministerio, tiene que ser dejada de lado para siempre. Hasta me atrevo a sugerir que pongamos a las personas a trabajar en las iglesias antes del bautismo y de que sean miembros. No estoy hablando de nombrarlos de ancianos, sino de darles algún tipo de oportunidad de servir y ser util en la misión. Usted se sorprenderá de ver lo que las personas pueden hacer cuando se dan cuenta de que son parte de la familia de la iglesia. A esto seguramente le seguirán las creencias y después su comportamiento.

La iniciativa Compasión 10 Millones, entre otras que mencionaremos más adelante, es una gran manera de involucrar a las personas en la misión al llamarlas simplemente a amar a otras de maneras prácticas, así como lo hizo Jesús. Las personas de todas las edades pueden participar en esto, sin necesitar ninguna capacitación súperespecial o calificaciones complejas. Nuestras comunidades están llenas de personas, tanto pobres como acaudaladas, que necesitan que les expresen amor de maneras prácticas. La compasión es una poderosa palabra muy de moda entre la Generación Y y la Generación Z. No es difícil involucrarlos por medio de proyectos significativos y sostenidos para beneficiar a otros. Ayudar a transformar a otros y mejorar sus comunidades ocupan un lugar muy alto en la lista de prioridades de ellos. Tenga también presente que es más probable que las personas que participan de la misión decidan quedarse, lo que incluye a las generaciones más jóvenes.

Mi llamado para hoy: ¡Demos a nuestros miembros de iglesia de todas las edades, idiomas y colores de piel en Norteamérica la oportunidad de jugar!

Por favor, analice este resultado con su iglesia y la manera de transformarlo en una realidad dentro de su contexto.

 

El pastor José Cortés Jr. es director asociado de la Asociación Ministerial y está al frente de Evangelismo, Plantación de Iglesias y Misión Global/Adventista de la División Norteamericana de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.