Estaré en las ciudades

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¿Sabía usted que hay más de 58 ciudades o conglomerados con al menos un millón de personas dentro del territorio de la División Norteamericana? Quizá, si las mencionara por nombre, usted las reconocería: Nueva York, Los Ángeles, Chicago, Washington DC, Filadelfia, Boston, Toronto, Montreal, Vancouver, Las Vegas, Virginia Beach, Calgary y Louisville, entre otras, muchas otras. Son 58 ciudades con más de un millón de habitantes.

¿Por qué estas ciudades y conglomerados urbanos son algo tan importante? Hay varias razones para ello. Aquí presento algunas de ellas:

1.Las ciudades están llenas de personas que aman a Jesús y que necesitan a Jesús. Él vino a buscar y a salvar a los perdidos, y por perdidos quiso decir personas. Hay muchas personas en esas 58 áreas urbanas. Con excepción de esos momentos en que Jesús necesitaba un respiro para recargar energías, se lo podía encontrar a menudo con las personas. Adonde había personas, allí también estaba Jesús. No concordaría con su carácter que la iglesia que comparte el amor de Dios, la compasión de Jesús y que proclama el evangelio eterno que se apartara de esas mismas personas a las que le ha comisionado que alcance y discipule.

Si somos la iglesia de Jesús, necesitamos seguir su ejemplo:

“Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, predicando el evangelio del Reino y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 36 Al ver las multitudes tuvo compasión de ellas, porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor”. - Mateo 9:35-36

2. En el pasado hemos descuidado las ciudades. Por alguna razón que sobrepasa mi entendimiento, no hemos actuado de manera tan deliberada como debiéramos para alcanzar a las ciudades. Casi parece que tuviéramos miedo de nuestras propias ciudades. Aunque esto está cambiando, aún tenemos mucho que hacer. Nuestra pionera y fundadora Elena G. White tuvo muchas cosas muy buenas que decir de las ciudades. He aquí algunas de ellas:

“En toda ciudad donde se proclame la verdad hay que levantar iglesias. En algunas ciudades grandes hay que edificar iglesias en varios sitios”. –Carta 168, 1909

“A nuestro alrededor hay ciudades y pueblos en los cuales no se hace ningún esfuerzo para salvar almas. ¿Por qué no se establecen en estas ciudades y pueblos algunas familias que conocen la verdad presente, para implantar allí el estandarte de Cristo, trabajando con humildad, no según sus propios métodos, sino según los métodos de Dios para llevar la luz a los que no la conocen?” –The Review and Herald, 29 de septiembre de 1891

Hacia el fin de su vida, Elena G. White tuvo algo muy interesante que decir de la ciudad, que no suele mencionarse a menudo, pero que usted debería saber: “Si Dios me da fuerza ahora, a los casi 82 años de vida, estaré en las ciudades”. –MS 27 de julio de 1909

3. En la ciudad las necesidades son inmensas. Al viajar por Norteamérica veo el contraste entre los rascacielos que enmarcan los centros de las ciudades y los vecindarios cercanos llenos de necesitados. A menos que nuestra iglesia está en la ciudad, jamás sabremos, comprenderemos o podremos mostrar el amor de Dios y la compasión de Cristo a las familias y personas que tanto lo necesitan. Bendecir a otros sin buscar nada a cambio en momentos de más grande necesidad puede crear una afinidad, que acaso los lleve a seguir a Cristo, cuando vean su amor reflejado por medio de nuestras acciones y palabras.

Esto tiene que quedar claro: Lo que Dios más ama de las ciudades no es sus hermosas siluetas recortadas sobre el horizonte ni sus magníficos edificios con diseños sumamente contemporáneos, paredes vidriadas o las estructuras más clásicas con reflejos de artes histórico sobre hermosas ventanas de vitrales. Lo que Dios más ama de las ciudades son las personas. Como seguidores de Dios, nos pueden gustar los edificios, pero tenemos que amar a las personas. 

4. Hay riqueza, poder e influencia en la ciudad. Una iglesia que es invisible hallará muy difícil ministrar y bendecir a las personas ricas y de influencia, muchas de las cuales trabajan y residen en las ciudades de nuestro territorio. Estudiantes, profesores, empresarios, líderes políticos, personalidades de los medios y muchos otros habitan y llevan a cabo la mayoría de sus actividades en las ciudades. ¿Quién los bendecirá y les ministrará si no tenemos presencia en esos lugares? Puede que sean ricos e influyentes pero siguen siendo personas. ¡Jesús también los quiere salvar!

5. La población multicultural de las ciudades. El mandato de alcanzar al mundo se vuelve un poco más accesible en las ciudades, donde puede que encontremos personas de prácticamente toda raza, tribu, nación y lengua. Hay ministerios que gastan millones de dólares ministrando a los grupos no alcanzados del mundo, mientras que esos mismos grupos residen, aquí mismo en Norteamérica, a nuestro alcance, en una ciudad cercana. Las misiones en el extranjero son vitales y, como Iglesia Adventista en la División Norteamericana, hemos sido pioneros de un movimiento misionero que ha tenido un gran crecimiento en el mundo. Hasta el mismo presente, estamos al frente del apoyo a las misiones, no solo financieramente sino enviando misioneros. Y sin embargo, hemos sido bendecidos con olas de inmigrantes que Dios ha traído hasta nuestras ciudades, haciendo de esta manera que sea posible alcanzar a personas de todos los extremos del mundo aquí mismo en nuestras ciudades. A pesar de ello, jamás sabremos o podremos hacer algo por aquellos que Dios ha traído hasta nosotros, a menos que nos aventuremos intencionalmente dentro de las ciudades.

Iniciativa Misión a las Ciudades: Centros Urbanos de Influencia

La División Norteamericana de los Adventistas del Séptimo Día, nuestras uniones y asociaciones se están asociando con la Secretaría de Misión Adventista de la Asociación General en una iniciativa para lanzar Centros Urbanos de Influencia, también conocidos como Centros Life Hope, o Centros de Compasión dentro de nuestro territorio. El propósito de esta iniciativa es bendecir a los que viven en nuestras ciudades, como lo hizo Jesús, al amarlos, satisfacer sus necesidades, ganar su confianza y compartir nuestra esperanza con ellos.

La Asociación General y la División Norteamericana han destinado fondos para colaborar con las uniones, asociaciones, iglesias y donantes privados que deseen contribuir en la creación de Centros Urbanos de Influencia en las 58 ciudades y conglomerados urbanos de nuestro territorio de al menos un millón habitantes. Por supuesto, no hemos olvidado las ciudades más pequeñas: hay una excepción por año para las asociaciones que aún no tengan una ciudad con un millón de habitantes o más. Las ciudades más pequeñas también son sumamente importantes.

Si su iglesia está interesada en establecer un Centro de Influencia usando el método de Cristo en su ciudad, póngase por favor en contacto con su director de evangelismo de la asociación o con su administración para dialogar. ¡Porque ya es hora de hacerlo! Es tiempo de alcanzar a los que viven en las ciudades de Norteamérica con el ministerio y el mensaje de compasión, esperanza y plenitud de Cristo.

El pastor José Cortés Jr. es director asociado de la Asociación Ministerial y dirige Evangelismo, Plantación de Iglesias y Misión Global para la División Norteamericana de la Iglesia Adventista del Séptimo Día.