DESARROLLANDO MINISTERIOS DE COMPASION Y ESPERANZA

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El cristiano es un agente de cambio positivo, que llega dándole sentido al ambiente que le rodea. Jesús lo denominó como “la sal de la tierra” y “la luz del mundo” (Mateo 5:13-16), destacando la doble función de “la sal y la luz”: sazonar y preservar los alimentos e iluminar y guiar de forma consciente y segura. El Cristiano está llamado a modelar compasión y esperanza con su estilo de vida. Elena G. de White afirma que “Todo aquel que ha recibido la iluminación divina debe alumbrar la senda de aquellos que no conocen la Luz de la vida”.[1]

El cristiano da sentido, transforma para bien, mejora el ambiente donde está y no como una estrategia forzada, sino mas bien porque en Cristo él es la sal y la luz de la tierra. Una luz que no puede ser escondida ya que estamos reflejando a Jesús en nuestras acciones. Mucha razón tiene Federico Bertuzzi al afirmar que “No seremos muy efectivos en la testificación si nuestras vidas no reflejan algo del amor y la pureza de Jesús”.[2]

El reconocido investigador sobre crecimiento de iglesia, Christian Schwarz, nos señala una serie de características básicas de una iglesia saludable que crece de forma natural. Entre estas características se encuentran: El ministerio según dones y el evangelismo según necesidades.[3] Una iglesia que facilite el desarrollo de ministerios basados en las capacidades que Dios le ha entregado a sus miembros impactará a otros siendo sal y luz en el mundo que le rodee. De igual manera cuando las estrategias evangelizadoras se desarrollan basadas en las necesidades de aquellos que deseamos alcanzar la iglesia deja de ser un edificio en la esquina y se convierte en “la sal y la luz” que la comunidad necesita.

Como iglesia estamos en el compromiso de proveer un ambiente donde el cristiano pueda ser “la luz y la sal” de su entorno. Para esto debemos tomar en cuenta cuatro principios básicos:

1. Motiva a cada miembro de iglesia a encontrar y desarrollar el don que Dios le ha dado.

En una encuesta empírica en nuestra iglesia se encontró que mas del 75% de los miembros no sabía en qué forma Dios los podía usar y se consideraban inactivos en la testificación. De ahí que dedicamos una gran parte de tiempo para entrenar y ayudar a descubrir y desarrollar los dones espirituales. Siguiendo este proceso con cada nuevo converso que ingresa a nuestra iglesia.

2. Conoce tu comunidad y entérate de las necesidades que posee.

A través de las autoridades públicas y municipales, organizaciones benéficas y escuelas podemos enterarnos de cuáles proyectos se desarrollarán en la comunidad. En nuestro entorno existe una necesidad alarmante de formación en las áreas de: educación familiar, prevención y tratamiento de enfermedades producidas por malos hábitos, atención a indigentes y servicios legales de inmigración.

3. Encuentra simbiosis en lo que la comunidad necesita y los dones manifiestos en tu iglesia.

En nuestra iglesia se manifiestan una diversidad de dones como: servicio, hospitalidad, enseñanza, etc. Atender cada necesidad es una labor maratónica y muchas veces frustrante e imposible; sin embargo, al satisfacer las necesidades de acuerdo a los dones manifiestos da paso a una gran fluidez y constancia. Un gran número de miembros en nuestra iglesia desarrollan ministerios de compasión con los indigentes llevando comida y abrigo en las primeras horas del día y las temporadas de frio. Otros desarrollan clases de ingles, de ciudadanía y ciertas orientaciones legales. También proyectos de prevención y tratamiento de enfermedades como diabetes, colesterol, hipertensión, entre otras. 

4. No institucionalices los ministerios de esperanza y compasión; déjalos que fluyan y sé un facilitador.

Institucionalizar los ministerios y encajarlos en un organigrama o estrategia dictada, mata el compromiso. No limites el desarrollo de los dones a través de ministerios de compasión y esperanza. Disminuye el protocolo y facilita las acciones esperanzadoras y compasivas.

 

Doctor Elvis Diaz es Pastor en Arizona Conference of SDA Church.

 


[1]Elena G. de White, Servicio cristiano(Buenos Aires: Casa Editora Sudamericana, 2007), p. 11.

[2]Federico Bertuzzi, Preparados para servir(Barcelona, Spain: Tear Fund y Scripture Union, 1989), p. 40.

[3]Christian Schwarz, Desarrollo natural de iglesia(Barcelona, Spain: Editorial Clie), pp. 24-34.